miércoles, 26 de julio de 2017

MARCELO RIZZI (ROSARIO, 1961)



Así como otros aman el desnudo
y lo dibujarían para siempre,
así amo yo la sed de las palabras
tras el encanto en fuga

Ricardo Herrera


en la condición de invierno darle
a la suma su posibilidad de resta;
la inversión expuesta demostrará
que no hay ni habrá jamás justicia boreal;
si se vive cerca del mar -no más allá
de lo que equidistan cien millas-
y si se deja que el ojo sueñe
por ahora con la ilusión de la nube,
puede que la piedra comience a rodar
esta vez hasta la cima, que el aire
se llene de ambiciones superfluas,
o que la puerta se deje
para siempre entreabierta

******************************
porque en la sombra del viento
es como un otro el que empieza
a jugar con las palabras
- como si fuera un muestrario
medieval de aromas,
y desde afuera asoma
todo aquello que presta,
que devuelve o dona

******************************
ayer descendí una rama más
de mi árbol genealógico;
pagué con pitanzas de segunda
al más joven de los turiferarios;
volví a dar otro giro a la noria,
dejé que el agua lavara mis pies;
en exacto equilibrio entre azar y necesidad;
dejé puesta la mesa para quien
llegase desde un tiempo profano;
desperté en la aldea de siete piedras
creyendo que huía hacia otra ciudad

**************************************
dicen que la huella de lo que ocurrirá
ya está presente en lo hoy deseamos
abolir de raíz - que sólo al inicio
de todo se conoce el diagnóstico
de la enfermedad; que se comienza
a viajar sin atender al medio de transporte;
que cada uno a su turno volverá a regar
su fanega, a ordenar de nuevo la casa,
a apartar de un solo soplo
las cenizas del umbral

*************************************
sugerir a otros, desde los andamios
más altos, lo que nunca se llegará a ser:
esperar, como en el arte, del observador
una complicidad extrema;
o bien una mezcla de las dos:
opciones con acentos agudos
en lo infinito del átomo
o en lo lejano de la estrella;
a menudo se es sólo
la conciencia de las ropas
que ya no se van a usar


de La experiencia Proust  (inédito)

miércoles, 12 de julio de 2017

DAIANA HENDERSON (PARANÁ,ENTRE RÍOS,1988)



Voy tranquila
por el camino de tierra
y al algarrobo le agarró
una enfermedad terminal.
Pobre,el virus de los otoños.
Lo acaricio con la mirada
y sigo.

Voy tranquila y el suelo sabe
hacer lo suyo: suuube para que llegue
a ver los tonos de la siembra
y baaaja para estarme adentro
y no tener los ojos de siempre,
el plano en perspectiva
desde el ascensor de vidrio.
Ese almacén me recuerda
que yo pasé acá
varios veranos de mi infancia
y adolescencia jugando al metegol
con los chicos que me gustaban,
porque todavía no salíamos
y no había chat.
Me acuerdo haber estado muchos días
y sobre todo tardes
en que llegaba la noche
y no había miedo,
solo ansiedad por la nueva luz
que era siempre igual
entre los árboles quietos
 de Villa Urquiza.

Voy tranquila
a donde tengo que ir y no me acuerdo
y pienso que habrá partes de mí acá,
que capaz estoy pisando una huella mía
y no sepa,
o de la noche que fuimos a los cementerios
con linternas, tratando de adivinar el suelo
porque no había ni una luz.
La luna no daba abasto.
Probablemente en la ciudad más cercana,
un poeta la estaba consumiendo entera.
Yo no escribía todavía, o sí,
pero como una manera de decir
de otra manera.
Esa noche no llegamos a los cementerios
porque uno de los vecinos
que estaba loco, escuchó los perros
y tiró un tiro. Quiero creer
que al aire.
Para los chicos de Villa Urquiza
no era nada de otro mundo,
por eso nosotras hicimos como que tampoco
y volvimos. Pero ahora

voy tranquila
es de día y el sol
está girando como una tapa,
despliega unos haces que llegan
hasta mí y me cargan como las naranjas.
creo que soy feliz. Después 
sospecho que estoy soñando.
No importa.
Lo bueno es que entonces no estoy yendo
a ningún lado,
puedo seguir caminando sin rumbo.

Y voy
no sé si tranquila,
o triste,
o feliz.


Equilibrio

Papá aflojó los tornillos
para que aprendiera 
 andar sin las rueditas.
Ella me llevó a la vereda de tierra
que rodea al hipódromo,
justo enfrente de casa.
Y cuál es la necesidad
de aprender a sostener
mi cuerpo todo de nuevo.
Le hice prometer que no
me soltaría por nada del mundo;
giraba apenas mi cuello
para ver que ella siguiera ahí,
corriendo justo detrás mío,
agarrándome de la parte baja del asiento.
"Yo no te suelto - me decía -
yo no te suelto",
pero para ese entonces
ya estaba pedaleando sola
y no me daba cuenta
de cómo ella se alejaba de mí,
aún quedándose quieta
entre los troncos viejos y gruesos.
Me enojé tanto cuando me di vuelta
que rechacé ese objeto
a un costado de la vereda
y quise volver a casa.
Ahora voy esquivando colectivos,
haciendo finitos, calculo
el tiempo exacto para pasar en rojo
y no morir en el asfalto,
pero así y todo no voy a reconocerlo.
He decepcionado muchas veces a mi madre
y sé que seguiré haciéndolo.
No hay lugar en el mundo
para dos personas iguales,
ni siquiera lo hay en una casa,
y por eso me fui apenas terminada la escuela.
Pero es necesario para que mamá aprenda.
El equilibrio se fabrica con la distancia,
si nos quedamos quietas
seguramente nos vamos a caer.
Ahora rebobino el cassette
y resulta que soy yo la que se aleja
mientras ella se queda parada,
palideciendo bajo el sol de un domingo.
Pero yo no te suelto, mamá,
yo no te suelto.

...........................................................

Los chicos nos dejaban de lado 
y se iban a cazar en la camioneta.
Nosotras quedábamos hablando al pedo.
Las anécdotas que traían después eran siempre iguales.
El flaco me contó que una de las noches
vieron dos ojos brillando, Facu apuntó
y le dio a un gatito en medio de la frente.
Fue a verlo, lo mostró levantándolo de la cola
y lo dejó despacio a un lado del camino.
Me dijo que Franco, que es
el más macho de todos, lloró.
No contaron nada, y nosotras
no lo notamos porque en los cuentos
de caza no había ninguna diferencia :
siempre era de noche y hacía frío,
un nudo exagerado en el medio
y un desenlace sin sal.
Pero ahora sé que esa vez
volvían los tres callados  en la camioneta
mientras nosotras nos pintábamos para salir.


del libro Humedal, Ediciones Liliputienses,Isla de San Borondón, España,2014

lunes, 29 de mayo de 2017

MARÍA MASCHERONI ( BUENOS AIRES,1958)



no había visto antes
ningún pájaro de vuelo terminado para entenderlo
¿como lo supe?
quieto más quieto echado de espadas como ningún animal
así nomas  para nada  un pájaro no se queda inmóvil
ni apoya su espalda en la tierra

          ¿tienen espalda los pájaros?

las cucarachas sólo están de espaldas cuando les quedan pocos recursos para vivir

antes  muchos antes  tuve delante de mí esta visión:
le arrojábamos piedras desde lejos
en esas circunstancias cualquier movimiento
un rumor  darían cuenta  advertirían
que la muerte continúa su trabajo
interminable sol poniente en una fotografía

       ¿qué quiere saber de la muerte del pájaro?

así mi padre se posaba cada día en el mundo
encogido de espaladas de costado
no está muerto   decíamos para los adentro cada vez
cuando en la piel el escozor se anunciaba

¿que cómo lo se?
así lo sabíamos
lo sé porque cada tarde capturada la respiración por su imagen quieta
temiendo que lo peor sucediera a su alma cada tarde
cruzábamos la distancia que nos separa de su boca
y nuevamente - aliento impropio - su flaco aliento

a mi paso un pequeño pájaro echado
de espaldas en el suelo con las patas encogidas
                                               abre una grieta entre pecho y cielo
no dudé cuando lo vi    sé que estaba muerto

¿cómo lo supe?

la postura del pájaro la postura de mi padre
hermanadas caminan ante mis ojos que extraviados
en los asunto de la muerte comienzan a despuntar la vieja tonadilla:
sólo los hombres permanecen inmóviles innumerables noches con sus días y quieren vivir.

*********************************************************


padre mío
has quedado en tumba ajena alada y animal
así estremecidos ceremonias y usos
con la generosidad de otra especie la calma parece acercarse

empecinado fuiste y tus hijos

el cuerpo de un pájaro concentra todos sus cantos
y las patas quebradas
a esta tumba - no es altar-vuelvo a llevar mis flores tardías

conozco el lugar  con mis manos fue cavado
con las manos de todos nosotros fue cavado
es que cavamos
para tener donde hincarnos  persignar
para bajar la cabeza y quedarnos sin padre

en este suelo - por dos siglos heridos -cada tumba se levanta
borde piadoso y bullente de la tierra alzada




de El cansancio de los hijos - hilos editora - Buenos Aires - 2011


miércoles, 24 de mayo de 2017

CARLOS APREA (Villa Elvira,La Plata,Pcia Buenos Aires,1955)




El abra de Tolima


En las montañas de Tolima
hay un abra escondida
que devuelve con creces
la palabra empeñada,
no es que sea
un eco exactamente,
solo responde monosílabos
y odia
que repitamos las preguntas.




En el cementerio de Seclantás


Vemos la fachada encalada
de una iglesia del s. XVII,
una portada blanca
sin iglesia detrás,
una postal ruinosa,
sostenida por tirantes
para la foto.
Los muertos son pacientes,
nos dice el cuidador,
no apuran la restauración,
y a los vivos,
tanta belleza para este sitio
los tiene sin cuidado.



Cabo Rojo



Ingresamos al corazón del Cabo a paso lento,
en pleno verano,junto a una nutrida
columna de lugareños. Banderas en alto,
puños cerrados,frentes limpias al sol.
Marchaban entre cánticos,gritos y apelaciones,
cerca del mediodía.Todo era un jolgorio,
pesado y contagioso. Raudamente
estacionamos el vehículo y decidimos seguirlos,
contagiados de fervor.Cuando los divisamos,
ya silenciosos,cansados,
a la vera de un parque,alguien
megáfono en mano,daba indicaciones
para que descongestionen rápido el lugar
y pasen a retirar la paga.




de Pueblos fugaces, Libros de la talita dorada, City Bell, Provincia de Buenos Aires,2012


lunes, 15 de mayo de 2017

Mirtha Lucía Makianich (nació en Rosario,vive en Villa Carlos Paz)




a Paul Celan



Como Marina en la soga
lejos de la estepa
se hunde tu cuerpo por el Sena

ese día sin día
víctima y testigo
amortajados
testigo y víctima
fuera de todo

nada te sostuvo
antes
fue tuya la lengua
del verdugo
y un lastre
que no cesa
su carga de exterminio

pudiera el agua
refugiar tu espanto.



La resta

b minuendo
a sustraendo
c diferencia


1


Supongo que en la "b"
hay un número completo
irrelevante
para la tierra que gira
extremos para mí
en la "a" la sustracción que abarca lo vivido
en la "c" esa diferencia desconocida
tiempo
pero no el solo tiempo

¡tantos matices para la opción !

se mantiene
la resta
austera
desnuda las cartas en la mesa
y me desnuda
¿qué saco primero?
la profusión
podar incluso entre lo amado
podar la vanidosa intimidad

difícil
una diferencia
mía.


de en lo que resta -Alción Editora - Córdoba - 2017


miércoles, 29 de marzo de 2017

JORGE CURINAO, RÍO GALLEGOS, PCIA DE SANTA CRUZ,1979





Donde hay una herida

no debiera hablarse.



Los que hablan con el corazón

casi no dicen nada.



::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::


Se puede ser uno mismo

empezando de a pedacitos.


:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::



En toda confesión

hay algo de olvido

algo de cursi.




del libro Nadando, Edición del Autor, Río Gallegos, 2012